Piercings orales. Una moda con riesgos.

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  • 20 abril, 2015

Es muy habitual atender a pacientes en nuestra clínica dental en Las Palmas de Gran Canaria que portan piercings en alguna zona de la cavidad oral para estar a la moda (especialmente la población adolescente), para diferenciarse de los demás, identificarse con algún grupo social, potenciar sensaciones eróticas o simplemente decorar su cuerpo. Los piercings no son inocuos.

Las complicaciones pueden aparecer desde el momento de la colocación del piercing. Aumenta el riesgo de padecer una infección en la cavidad oral o a distancia por la introducción de nuevas bacterias a través de la herida por el manejo del piercing. Un ejemplo de una infección a distancia sería la Endocarditis Bacteriana (pacientes que tengan previamente una lesión en una válvula cardíaca).
No podemos obviar que se pueden transmitir enfermedades tales como Herpes, Hepatitis B y C. Pueden aparecer reacciones alérgicas sobretodo a los metales.
Hay que tener mucho cuidado de no tragarse el piercing y sobre todo que no se aspire (que se vaya a las vías aéreas puede ser una complicación severa).
La colocación en zonas tan vascularizadas e inervadas como la lengua puede traer complicaciones como el sangrado o pérdida de sensibilidad.

Si nada de lo anteriormente expuesto disuade al paciente de colocarse el piercing en alguna región de la boca, se debe acudir a una revisión al dentista nada más colocarlo.

Hay que tener una serie de precauciones para evitar efectos secundarios tales como mantener limpio el piercing (pasarle una gasa impregnada en clorhexidina), utilizar enjuagues bucales en la higiene oral habitual, evitar los golpes de los piercings con los dientes (es muy común jugar con ellos), tener cuidado al hablar y comer especialmente los primeros días hasta acostumbrarse a su presencia y evitar así desgarros, retirarlo para hacer deporte, comprobar periódicamente el estado del piercing y siempre llevarlos de materiales como acero quirúrgico, titanio u oro.

Complicaciones posteriores a la colocación.

  • Fracturas dentales: A los cuatro años o más de haber llevado un piercing, el 47 % de los pacientes sufren rotura parcial de algún diente.
  • Puede dañar el esmalte dental o empastes que tenga el paciente.
  • Enfermedad periodontal: Es la lesión más preocupante. Se pueden producir recesiones de la encía especialmente al llevar piercings de metal y colocación extraoral (ej. Piercing en los labios que el cierre queda dentro de la boca).
  • Inflamación, ulceración.
  • Dificultad para hablar y masticar.
  • Dolor.
  • Disgeusia (alteración del gusto): Sobre todo en localizaciones como la lengua donde hay muchas papilas gustativas.
  • Sangrado.
  • Hipersialia (aumento de la secreción salival).
  • Infección.
  • Parestesias (sensación de hormigueo) por afectación de algún nervio.
  • Alergias.

Por tanto, a la hora de decidir llevar un piercing es interesante considerar todos los efectos colaterales que conlleva.

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